En México fue la noticia de la semana: El PAN parece decidido a facilitarle el trabajo a Morena. Mientras el Instituto Nacional Electoral daba inicio al proceso electoral para 2026-2027, el presidente del Comité Ejecutivo Nacional de ese partido, Jorge Romero, decidió pasearse por Europa, denunciando en el extranjero problemas que debería enfrentar y resolver en casa.
Esta escapada, más digna de una gira turística que de una estrategia política, deja en claro que el PAN no tiene ni pies ni cabeza para presentarse como la oposición fuerte que México necesita.
La inutilidad de su liderazgo queda expuesta al ceder el terreno político a Morena y al PRI, quienes sí estuvieron presentes y activos en el país, capitalizando la oportunidad para consolidar su influencia rumbo a las próximas elecciones.
¿Qué urgencia obligaba a Jorge Romero a abandonar el arranque electoral en México? Si el PAN pretende ser una alternativa de gobierno, su presidente debía estar frente al INE, frente a los ciudadanos y frente a sus adversarios. Debía demostrar que el partido conserva voz, estructura y voluntad de pelea. En lugar de eso, ofreció una postal turística con discurso opositor incluido.
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La política exige presencia y quien aspira a dirigir un país no puede aparecer únicamente en videos grabados desde capitales europeas mientras sus rivales ocupan los espacios nacionales y fijan la conversación pública. El PAN dejó vacío el lugar que le correspondía, y Morena tuvo la cortesía de ocuparlo. Después los panistas se preguntarán por qué pierden elecciones, por qué la ciudadanía no los identifica como una opción real y por qué sus propios militantes demuestran hartazgo.
Digo las cosas como son, porque la hipocresía me revuelve el estómago, y lo que vimos fue un regalo de charola servida a Morena. La gira pudo tener argumentos diplomáticos o mediáticos, pero careció de sentido político. Las denuncias internacionales tienen utilidad cuando forman parte de una estrategia amplia, cuando acompañan una presencia firme en el país y cuando no sustituyen el trabajo básico de un partido. En este caso, la imagen que quedó fue la de una dirigencia ausente, más interesada en hablar sobre el “México de Morena y el México real” desde Europa que en dar la batalla dentro del país.
Pero lo grave no se limita a una ausencia. Millones de mexicanos que todavía esperan una alternativa frente al poder de Morena observan a una oposición distraída, cómoda y mal dirigida. Quienes aún creen en un cambio verdadero merecen algo más que un partido que los deja en segundo plano mientras sus líderes se van de gira. Merecen una oposición que defienda sus intereses en cada esquina, en cada debate y en cada acto público crucial. Esas personas no necesitan líderes que huyan de los momentos importantes para regresar después con explicaciones, necesitan partidos que enfrenten al Gobierno, defiendan las instituciones y construyan una opción creíble.
Si el PAN insiste en confundir oposición con turismo político, Morena tendrá el camino despejado. México pagará el precio de esa irresponsabilidad, porque una democracia sin contrapesos termina sometida al partido que sí entiende el valor de ocupar cada espacio.
