La decisión de adjudicar la Copa del Mundo 2034 a Arabia Saudita está generando tensiones diplomáticas y económicas que podrían poner en tela de juicio uno de los torneos más importantes del fútbol mundial. Bajo la presidencia de Gianni Infantino, la FIFA apostó por ampliar la presencia del Mundial en Medio Oriente, pero esa decisión podría ahora convertirse en un desafío político y financiero de gran envergadura.
La apuesta arriesgada de la FIFA
La FIFA convocó a miembros de su Congreso en diciembre de 2024 y, tras la retirada de la única otra candidata (Egipto), Arabia Saudita fue confirmada como única sede del Mundial 2034 mediante una votación de aclamación. La idea central era consolidar el fútbol en una región en expansión y atraer nuevas inversiones, infraestructuras y audiencias en el mundo árabe y asiático. Sin embargo, la decisión ha sido criticada por organizaciones de derechos humanos y por autoridades de varios países.
Tensiones geopolíticas y riesgo de distancia con Asia
China e India, dos de los mercados más grandes del planeta, representan más del 35% de la población mundial y son clave para la viabilidad económica de cualquier Copa del Mundo. Ambos países concentran audiencias de cientos de millones de personas y mercados publicitarios de alto valor. La relación de Arabia Saudita con potencias asiáticas se ve afectada por disputas comerciales, alianzas energéticas y tensiones regionales, lo que complica la imagen neutral que la FIFA suele buscar para sus torneos.
China ha mostrado un interés creciente en el fútbol en los últimos años, con inversiones en ligas domésticas, academias de formación y la aspiración de convertirse en una potencia futbolística. Sin embargo, la tensión diplomática con Arabia Saudita podría afectar su disposición a promover la Copa del Mundo 2034, limitando la cobertura mediática y el apoyo institucional. Lo mismo ocurre en menor medida con India, donde el fútbol sigue compitiendo por espacio frente al cricket, pero donde la FIFA ve un enorme potencial de crecimiento.
Consecuencias económicas y comerciales
Un Mundial sin la participación activa de China e India implicaría una pérdida significativa de audiencia y de ingresos. Analistas señalan que la ausencia o el desinterés de estos mercados podría reducir de forma importante los derechos de televisión, los patrocinios globales y la venta de merchandising. Además, el precedente histórico de boicots en eventos deportivos internacionales, como el de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, muestra que los grandes eventos deportivos nunca están aislados de la política internacional.
La respuesta de la FIFA
Desde la FIFA se reconoce que el fútbol no está al margen de la geopolítica. Gianni Infantino ha intensificado contactos con representantes de gobiernos y entidades de Asia para suavizar tensiones y reforzar la narrativa de inclusión y desarrollo del deporte. No obstante, la institución enfrenta críticas por haber subestimado los riesgos diplomáticos y sociales de la elección de sede, así como por la forma en que se gestionó el proceso de candidaturas.
En resumen, el Mundial 2034 en Arabia Saudita sigue siendo un hecho oficial, pero el contexto político y económico que lo rodea es complejo. La FIFA deberá equilibrar la ambición de expansión global con la presión de mercados masivos y la necesidad de mantener la imagen del fútbol como un espacio de encuentro, y no de confrontación.
