Durante los preparativos para la Copa Mundial de Fútbol 1986, México enfrentaba una grave crisis económica agravada por el terremoto de 1985, mientras el gobierno de Miguel de la Madrid invertía recursos millonarios en arreglos para el evento deportivo. Amplios sectores de la población protestaron contra esta decisión cuando el país padecía hambre, desempleo y problemas sociales urgentes, manifestándose con la consigna ‘no queremos goles, queremos frijoles’.
El tercer mundial en territorio mexicano se celebró en un contexto de profunda inestabilidad económica y social. Aproximadamente 40 mil damnificados del entonces Distrito Federal aún sufrían las consecuencias del terremoto de 1985, mientras la deuda exterior rebasó los 100 mil millones de dólares para junio de 1986. La designación de México como sede había ocurrido en mayo de 1983, después de que Colombia renunciara al evento.
Colombia rechazó ser anfitrión y México asumió la sede
El 26 de octubre de 1982, Colombia renunció a ser sede del Mundial 1986. El presidente colombiano Belisario Betancur justificó la decisión en las ‘extravagantes exigencias’ de la FIFA y la delicada situación económica de su país. Esta renuncia abrió la puerta para que México asumiera nuevamente el papel de anfitrión, convirtiéndose en el primer país en organizar dos Copas del Mundo.
La decisión no fue popular entre los mexicanos. En febrero de 1983, una encuesta reveló que la mayoría de los ciudadanos indicó que no era adecuado ser anfitriones mundialistas. A pesar de este rechazo popular, la FIFA designó a México como sede en mayo de 1983, comprometiendo al país a realizar costosas inversiones en infraestructura deportiva y urbana.
La crisis económica y social durante los preparativos
El contexto social durante el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) se caracterizó por múltiples crisis. En mayo de 1986, Fundidora Monterrey declaró su quiebra tras acumular una deuda de 15 mil millones de dólares, dejando sin empleo a aproximadamente 8 mil 200 trabajadores. El costo del dólar alcanzó los 500 pesos, reflejando la severa devaluación de la moneda nacional.
Mientras tanto, el gobierno realizaba inversiones millonarias para el evento deportivo. En Nezahualcóyotl, la pavimentación del estacionamiento del Estadio Neza 86 costó 600 millones de pesos. El gobierno exigió 180 mil pesos por casa para pagar la obra, aunque según cálculos de los habitantes, cada vivienda debía pagar justamente 57 mil pesos, lo que generaba una ganancia de 29 millones de pesos para las autoridades.
Prohibición de manifestaciones y despliegue de seguridad
El gobierno implementó medidas represivas para evitar protestas durante el mundial. Las autoridades prohibieron manifestaciones entre el 31 de mayo y 29 de junio de 1986, periodo que comprendía desde la inauguración hasta la clausura del torneo. Se desplegaron más de 50 mil elementos policiacos y militares en todo el país, mientras que la capital dispuso de 27 mil policías durante el evento.
El 2 de mayo de 1986, el Distrito Federal implementó un plan para retirar a personas en situación de calle antes del inicio del mundial. El 30 de mayo de 1986, 3 mil 500 vecinos de la colonia Benito Juárez protestaron contra las medidas económicas relacionadas con los preparativos. En octubre de 1986, meses después del mundial, continuaba sin acuerdos entre el gobierno y los pobladores de Nezahualcóyotl por los cobros excesivos de las obras.
Abucheos al presidente durante la inauguración
El 31 de mayo de 1986, durante la ceremonia de inauguración en el Estadio Azteca, el presidente Miguel de la Madrid fue recibido con abucheos, silbidos y mentadas de madre por parte del público asistente. El costo del boleto para la inauguración alcanzó 30 mil pesos, una suma considerable en medio de la crisis económica que atravesaba el país.
Al mismo tiempo, Rosario Ibarra de Piedra, diputada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores, encabezó una manifestación en el Ángel de la Independencia demandando la aparición de desaparecidos políticos. El Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México también realizó protestas en ese mismo lugar durante la inauguración del mundial.
Expectativas turísticas no cumplidas
El 23 de mayo de 1986, se proyectaba la llegada de 35 mil turistas en lugar de los 60 mil esperados originalmente. Esta reducción en las expectativas turísticas evidenció que los beneficios económicos del mundial no serían los prometidos inicialmente. Una encuesta realizada el 14 de mayo de 1986 reveló la opinión dividida de los defeños ante la Copa de Fútbol, reflejando el descontento social prevaleciente.
Las 24 selecciones que participaron en el torneo realizaron en abril de 1986 donaciones al Fondo Nacional de Reconstrucción, en un gesto de solidaridad con las víctimas del terremoto de 1985. El sorteo para la Fase de Grupos se había realizado el 15 de diciembre de 1985 en el Foro 2 de Televisa San Ángel, pocos meses después del devastador sismo.
Preguntas frecuentes
¿Por qué protestaron los mexicanos durante el Mundial 86?
Los mexicanos protestaron porque el gobierno invertía recursos millonarios en el mundial mientras el país enfrentaba una grave crisis económica, desempleo masivo y miles de damnificados del terremoto de 1985 sin atender. La consigna era ‘no queremos goles, queremos frijoles’.
¿Cuánto costaron los preparativos para México 86?
Los costos fueron millonarios en medio de la crisis. Por ejemplo, la pavimentación del estacionamiento del Estadio Neza 86 costó 600 millones de pesos, y el gobierno exigió 180 mil pesos por casa a los habitantes para pagar la obra, generando controversia por los cobros excesivos.
¿Qué pasó durante la inauguración del Mundial México 86?
El 31 de mayo de 1986, durante la inauguración en el Estadio Azteca, el presidente Miguel de la Madrid fue recibido con abucheos, silbidos y mentadas. Al mismo tiempo, Rosario Ibarra de Piedra encabezó una manifestación en el Ángel de la Independencia demandando la aparición de desaparecidos políticos.
Las protestas que rodearon el Mundial México 86 reflejaron el profundo descontento social ante las prioridades gubernamentales. Cuarenta años después, estos eventos permanecen como testimonio de un momento en que el país debía elegir entre la imagen internacional y las necesidades urgentes de su población en medio de una severa crisis económica y las secuelas del terremoto de 1985.
