¿Qué pasa cuando el privilegio se democratiza? Pasa que deja de parecer privilegio. Eso es justo lo que les está ocurriendo a las salas VIP de los aeropuertos, que durante años funcionaron como un refugio reservado para una minoría muy concreta y que ahora, tras abrirse a millones de usuarios a través de membresías, tarjetas bancarias y beneficios masivos, empiezan a parecerse demasiado a aquello de lo que prometían escapar.
Viajeros que llegan buscando silencio se encuentran con colas en la recepción. Pasajeros que esperaban un lugar tranquilo terminan dando vueltas para encontrar asiento. Bandejas vacías, ruido constante y una circulación de gente que recuerda más a una zona de embarque saturada que a un espacio pensado para descansar antes de un vuelo.

Las salas VIP enfrentan el problema de su propio éxito
El cambio empezó hace décadas. En los años noventa, Colin Evans lanzó Priority Pass, que permitía acceder a estos salones sin necesidad de viajar en primera clase. El acceso dejaba de depender solo del billete y pasaba a estar disponible a través de una membresía. El sistema creció con rapidez y hoy supera los 30 millones de usuarios, con presencia en unas 1900 salas de todo el mundo. Lo que en principio amplió el negocio también alteró el equilibrio del producto.
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Porque una sala VIP no se vende solo por el café, por el buffet o por la conexión wifi. Se vende, sobre todo, por la sensación de separación. El viajero entra ahí para salir del ruido, para sentarse sin pelear por espacio y para esperar con cierta calma. Cuando dentro encuentra el mismo bullicio que fuera, aunque con bebidas incluidas y sillones más correctos, el concepto pierde fuerza. La sala deja de sentirse exclusiva y empieza a funcionar como una extensión mejor decorada de la terminal.
Priority Pass y el crecimiento del negocio de las salas VIP
Y, sin embargo, el negocio no deja de crecer. El mercado de salas VIP aeroportuarias alcanzó en 2025 un valor de 9,96 mil millones de dólares, con previsión de subir a 10,53 mil millones en 2026 y de rozar los 13,95 mil millones en 2031. Detrás de esas cifras está la recuperación de los viajes premium y corporativos en rutas internacionales.
México también refleja esa expansión. Según cifras oficiales de la red del Grupo Aeroportuario del Pacífico, en 2025 los espacios VIP operados en nueve aeropuertos de sumaron más de 1,8 millones de usuarios.
Pero el crecimiento tiene un coste porque también aparece una tensión entre los tipos de viajeros. Quien ha pagado un billete de alta gama o ha acumulado un estatus durante años puede percibir que comparte el mismo servicio con usuarios cuyo acceso llegó por una promoción bancaria mucho más amplia.
La industria encontró un negocio excelente en la apertura de las salas VIP. El problema es que esa misma apertura ha puesto en riesgo lo que las hacía deseables.
