La tercera ronda de negociaciones bilaterales concluyó en CDMX con avances parciales, pero temas como reglas de origen automotriz y acceso al mercado eléctrico siguen sin resolverse. Washington apuesta por mantener la revisión abierta como herramienta de presión.
Negociadores comerciales de México y Estados Unidos concluyeron la tercera ronda de conversaciones bilaterales sobre el T-MEC en la Ciudad de México, con avances en algunos rubros pero sin resolver los puntos más álgidos: las reglas de origen para la industria automotriz y el acceso no discriminatorio al mercado eléctrico mexicano. Una nueva ronda está programada para septiembre en Washington.
La presidenta Claudia Sheinbaum calificó como “muy buena reunión” su encuentro con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer. Sin embargo, analistas advierten que el panorama apunta hacia una nueva dinámica de negociación donde la presión constante se ha convertido en la norma, no en la excepción.
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La nueva diplomacia norteamericana
Durante décadas, la diplomacia norteamericana buscó reducir fricciones entre socios comerciales. Ahora, el diálogo coexiste cada vez más con la presión. Este cambio no es incidental, sino que refleja el zeitgeist actual de las relaciones internacionales, donde el acceso al mercado más grande del mundo se utiliza como moneda de cambio permanente.
El representante comercial Greer ha señalado que espera presentar propuestas al presidente Donald Trump y a los líderes norteamericanos antes de que termine 2026. Más revelador que el calendario es el enfoque: un acuerdo con Canadá y otro distinto con México. Washington ya no ve a Norteamérica como una negociación trilateral, sino como dos relaciones bilaterales con cálculos políticos diferenciados.
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Del Mundial 2026 a los aranceles
El contraste entre simbolismo y realidad quedó expuesto durante la ceremonia de clausura de la Copa Mundial de la FIFA 2026. El presidente Trump apareció junto a Sheinbaum y el primer ministro canadiense Mark Carney en el escenario del evento deportivo más grande jamás organizado conjuntamente por las tres naciones.
La imagen proyectaba unidad ante una audiencia global. Sin embargo, horas después, Washington anunció un nuevo arancel del 50% sobre una amplia gama de exportaciones canadienses, dejando en evidencia que Canadá no participa en las negociaciones comerciales del mercado norteamericano integrado de facto.
Dato clave: La relación con Canadá se ha vuelto notablemente ácida, mientras que México aún es visto como un socio con el que vale la pena negociar —no porque hayan desaparecido los desacuerdos, sino porque Washington cree que el progreso sigue siendo posible.
México también recibió su propio recordatorio. Mientras Ismael “El Mayo” Zambada era sentenciado a cadena perpetua, el administrador de la DEA, Terry Cole, declaró que la condena era “solo el comienzo”, comprometiéndose a perseguir no solo a líderes de cárteles mexicanos sino también a los funcionarios corruptos que los protegen.
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La estrategia de Washington
El objetivo del nuevo Washington no es simplemente asegurar concesiones puntuales. Es preservar el apalancamiento que facilita extraer concesiones futuras. Esa distinción es fundamental para entender el rumbo de las negociaciones del T-MEC.
Algunos observadores esperan que la revisión del tratado concluya el próximo año. Eso sigue siendo posible. Sin embargo, la lógica política de Washington apunta cada vez más en otra dirección. Para una administración que trata la palanca de negociación como un activo estratégico, hay poco incentivo para apresurarse hacia un acuerdo final y concluyente.
Mantener la revisión abierta preserva la flexibilidad y permite a Estados Unidos conectar las negociaciones comerciales con una gama cada vez mayor de preocupaciones:
- Crimen organizado y tráfico de fentanilo
- Flujos migratorios hacia la frontera sur
- Empresas chinas que buscan aprovecharse del T-MEC
- Entregas de agua según tratados binacionales
- Política energética y apertura del mercado eléctrico
- Aplicación de normas aduaneras
Si eventualmente se alcanza un acuerdo integral, podría resultar políticamente más valioso hacia el final del mandato de Trump que al inicio. La administración estadounidense parece calcular que el momento oportuno para cerrar es cuando las concesiones puedan traducirse en capital político electoral.
La asimetría estructural México-EU
La capacidad de Washington para ampliar la agenda negociadora descansa en una realidad más profunda: la asimetría estructural de la relación México-Estados Unidos. Mientras el acceso al mercado de consumo más grande del mundo siga siendo indispensable para México, Washington mantendrá un apalancamiento extraordinario que va mucho más allá del comercio.
El comercio ya no es el único canal a través del cual se ejerce esa presión. Las investigaciones sobre presuntos vínculos entre funcionarios públicos mexicanos y el crimen organizado han emergido como una fuente adicional de presión. Debido a que tales indagatorias conllevan enormes costos políticos para el partido gobernante, se han convertido en un instrumento especialmente poderoso de apalancamiento en la relación bilateral más amplia.
Contexto: Durante más de dos décadas de trabajo con funcionarios estadounidenses bajo administraciones republicanas y demócratas, observadores señalan que nunca habían encontrado el mismo sentido de prerrogativa que se percibe actualmente en Washington. No es hostilidad, es algo más sutil: la suposición de que Estados Unidos establece los términos mientras sus socios se ajustan.
Las conversaciones reflejan cada vez menos el lenguaje de aliados que persiguen intereses comunes y más el de una potencia convencida de que su mercado y su peso geopolítico le dan derecho a definir las reglas del juego. Ese cambio de paradigma explica en buena medida la revisión actual del T-MEC y anticipa un futuro donde la incertidumbre comercial será la constante, no la excepción.
La próxima ronda de negociaciones en septiembre será crucial para determinar si ambas partes pueden encontrar un terreno común o si la estrategia de presión permanente de Washington continuará dominando la dinámica bilateral durante lo que resta de la administración Trump.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el T-MEC y cuándo se firmó?
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es el acuerdo comercial que sustituyó al TLCAN. Entró en vigor el 1 de julio de 2020 y establece reglas para el comercio trilateral en sectores como automotriz, agrícola, propiedad intelectual y comercio digital.
¿Por qué Canadá no participa en las negociaciones actuales?
Estados Unidos ha optado por conducir negociaciones bilaterales separadas con cada país. La relación con Canadá se ha deteriorado significativamente, como lo demuestran los aranceles del 50% impuestos a exportaciones canadienses tras la clausura del Mundial 2026.
¿Cuáles son los principales puntos de conflicto en las negociaciones?
Los temas más contenciosos incluyen las reglas de origen para la industria automotriz, el acceso no discriminatorio al mercado eléctrico mexicano, la presencia de empresas chinas que podrían beneficiarse del tratado, y las políticas energéticas de México.
¿Cuándo podría concluir la revisión del T-MEC?
El representante comercial Greer espera presentar propuestas antes de que termine 2026. Sin embargo, analistas sugieren que Washington podría preferir mantener la revisión abierta como herramienta de presión, posiblemente hasta el final del mandato de Trump.
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